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Consumo responsable

CONSUMO CONSCIENTE Y RESPONSABLE. ERES CLIMARIANO?

La producción ecológica no sirve de nada sinó se cambia la forma de consumir. Estamos frente una transformación tan grande que comprar con criterios de sostenibilidad y cambiar el modelo de alimentación, será imprescindible para sobrevivir en este planeta.

Los hábitos alimentarios de los países desarrollados se basan en un modelo que va mucho más allá de las necesidades reales requeridas para vivir:  el consumo excesivo de proteína animal, la comida procesada o el desperdicio de alimentos, son solo algunos de los ejemplos que lo avalan.

Párate a pensarlo, ponemos mucha  más atención al proceso de compra de un lavavajillas,  que al de nuestra ingesta diaria. 

¿Alguna vez has consultado en el súper,  si los ingredientes de esa ensalada envuelta en plásticos ruidosos, son de proximidad? Seguramente pocas veces, o nunca, ¿verdad? 

En cambio,vamos a analizar un poco lo que hacemos al comprar un electrodoméstico: 

Primero buscamos por internet las diferentes posbilidades donde compralo.

Una vez en la tienda, después de leer el típico cartel informativo que suelen ponerles encima, buscamos un vendedor para que nos aconseje, ¡claro! vamos a gastar mucho dinero en eso y queremos estar seguros de comprar calidad a buen precio. A veces ya compramos, otras lo acabamos de pensar.

Además, pasa algo muy curioso, en la mayoría de los casos,   el dependiente no te suele aconsejar que compres  la marca blanca. Su menor precio no compensa su menor calidad.   En cambio, en el supermercado, si, allí compramos sus marcas blancas porque nos guiamos por su precio.

Pero, ¿por qué son más baratas?, ¿Nos preguntamos cuánto recibe un  agricultor por este producto? 

Y, ya que estamos, planteémonos  otra pregunta: ¿cual es el precio de una mala alimentación, de la contaminación o del cambio climático? 

Naciones Unidas ya lleva tiempo diciendo que estamos llegando a un punto de no retorno,  y que NO estamos logrando los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿No crees que el precio que paga el planeta y que pagarán las generaciones futuras es todavía más alto?

Diferencias entre consumo consciente y  responsable. 

Tenemos que concienciarnos que puede llegar el dia en que se nos exigirá que cambiemos nuestros hábitos alimentarios.  De hecho en Alemania, se está debatiendo si elevar a un 21% el Iva de la carne de ternera, que actualmente se consume al 7%.

Es posible que de entrada,  esta no sea la mejor manera, hay que educar primero, pero no deja de ser un indicio de que hay preocupación por la enorme cantidad  de recursos que implica la ganaderia. Disminuir la ingesta de carne de vacuno, por ejemplo, con una huella hídrica mucho más alta que la del cerdo o la del pollo,   ya no solo se trata de condenar el maltrato animal, sinó que también,  de proteger al medio ambiente.

Un consumo consciente, básicamente significa saber qué estás comprando  y representa el punto de partida para consumir de forma responsable. Para ello se tienen en cuenta factores como la proximidad, su sistema de producción, los recursos que se consumen para ello, el tipo de embalaje o envase con que se presenta,  su distribución, o si se vende a través de redes de comercio justo. 

Obtener toda esta información nos otorga mucho poder como consumidores e incrementa exponencialmente nuestra  capacidad de discriminación a la hora de elegir el producto a comprar. 

A partir de aquí entra en juego nuestra responsabilidad como consumidores.

Un consumo responsable, significa hacer uso de este poder para disminuir la contaminación, ralentizar el cambio climático o ayudar a las empresas con programas de RSC, o que sepamos que aplican buenas prácticas en ese sentido.

Suena a utopía ¿verdad? Pues aquí está el error: Debería sonar a desafío.

Aquí os dejamos un pequeño cuadro de actuación, para empezar a practicar.

Tomar conciencia de         Acción responsable
Dónde  se produce → Comprar el más próximo para disminuir la huella ecológica.
Cómo se produce   → Comprar el que garantice buenas prácticas ambientales.
Cuánto comprar   → Si perece poco, sino, en envases lo mas grandes posibles.
Donde lo compro     → Cerca de casa si puedo ir andando mejor.
A quien lo compro →   Intentar favorecer economías familiares.
Su presentación     → Comprar el que menos residuo genere y envases reusables.
La temporada → Aprende a identificar qué productos se dan y cuales no

Que significa ser climariano?

Si hacemos una rápida incursión  en los orígenes de este nuevo término, vemos que el New York Times lo registró por primera vez en 2015, en su diccionario de nuevos términos para comida. En él aparece en inglés y lo escriben así: climatarian.  

Escrito de la misma manera, ya aparece también en el Cambridge Dictionary,  con una definición un tanto diferente que la del NY Times, pero con un mismo enfoque. 

Para la comunidad hispanoparlante,  Fundeu ha regulado el término en español como climariano, definiéndolo como: «Aquel que elige lo que come en función de si esto es respetuoso con el medioambiente”.  

Entonces, un  climariano, comerá menos carne para reducir la huella hidrica y no comprará esa ensalada presentada en bolsas de plástico de un solo uso. 

Así que resumiendo, es otra manera para definir, aquellos que toman conciencia, y luego, consumen de forma responsable.  

Es tener  tener presente que los recursos naturales tienen un límite y que el acto de comprar es un acto reivindicativo.

Es tener presente que no hay un planeta B.  

La Ley de las 7 R. 
Reflexionar, para tomar conciencia y elegir prácticas más sostenibles en el día a día.
Rechazar productos inecessarios y/o que sean claramente insostenibles.
Reducir los volúmenes de compra para reducir residuos.
Reutilizar todo aquello que podamos hasta que ya no sirva.
Reciclar nuestros desechos y depositarlos correctamente en el contenedor.
Redistribuir los recursos para que haya una repartición más equitativa.
Reclamar y exigir más educación y más compromiso de las instituciones públicas.

¿Si compro productos Bio en el súper soy un consumidor responsable?

Sin duda es una buena notícia que los datos de consumo de productos ecológicos vayan en aumento.

De ello deducimos dos cosas: que estamos tomando conciencia al respecto y que nos resulta más fácil llegar a este tipo de producto.

Ya nos hemos dado cuenta que las grandes marcas y cadenas de distribución han puesto sus ojos  en la alimentación ecológica. Ellos lo ven como un segmento de mercado y aprovechan la ocasión para hacerse un lavado de imagen verde, o greenwashing, ante los consumidores. 

Ahora, ya no hay súper que no tenga su sección Bio, con productos certificados, aunque sea a precios que como mínimo doblan los de la comida convencional. 

Esta nueva realidad,  a priori, resulta atractiva porque lo podemos ver como una oportunidad para que se difundan más rapidamente los valores y beneficios de la producción ecológica.

Sin embargo,  el modelo de supermercado en sí mismo, desde las bases ecologistas, no se considera  un modelo sostenible ni ecológico. 

Según Charo Morán, responsable de consumo de Ecologistas en Acción, aunque se vendan productos certificados con el sello ecológico, el modelo de consumo que fomentan,  se olvida de la proximidad, del producto de temporada, del consumo responsable y del comercio justo, además  de desechar comida en buen estado y potenciar el uso del coche hacia las grandes superficies, fomentando un consumo acrítico, compulsivo, con explotación, etc”  

También hay que tener en cuenta otro de los aspectos amenazadores de esta situación: Los pequeños comerciantes de tiendas ecológicas que llevan años viviendo de ellas y trabajando para la difusión de estos valores,  se verán abocados a la desaparición, tal como pasó hace 25 años con las pequeñas tiendas de conveniencia y los ultramarinos

Entonces, ¿Cómo llegar a los productos ecológicos de una manera ecológica? 

Para los sectores más comprometidos, el reto actual reside en crear un modelo de consumo que incluya todos los valores de sostenibilidad, pero que sea cómodo y práctico  para las familias.

Para ello hay que  hacer frente a las limitaciones de tiempo y a nuestros “malos” hábitos de consumo.                                                                                                        

En el supermercado lo tenemos todo a mano, tenemos parking fácil y encontramos buenos precios. 

Han sido listos, han encontrado la fórmula perfecta y es por eso  que tienen una cuota de mercado de cerca del 70%, en las ventas de alimentación diaria. 

Así que empezar por el supermercado es una manera fácil y rápida de ir probando los beneficios del consumo ecológico,  pero de las más caras, además de las ya comentadas contraindicaciones. 

Solo aquel que entiende la sostenibilidad, como la única manera de no cargarnos el planeta, hace el esfuerzo para adaptar todo su modus vivendi a ello. Así que un cambio de paradigma de consumo conlleva un esfuerzo,  no vamos a decir que no. Pero no te decimos que va a ser fácil, te decimos que merecerá la pena!

A continuación te damos una relación de puntos de venta y maneras de acceder  a los alimentos ecológicos. 

Están  ordenados de mayor a menor, según su  precio y su comodidad para encontrarlos.

Supermercados  generalistas.                    Mercados cooperativos Herbolarios y tiendas especializadas.       Mercados de abastos del barri Supermercados orgánicos.                          Grupos de consumo Tiendas a granel                                           Productores cercanos Tiendas on-line                                            Cultivo propio

Restaurantes:  A éstos los ponemos a parte ya que no entran en la lista para hacer la compra diaria de comida para una casa, pero no nos los podemos dejar porque cada vez hay más negocios que se decantan por esta opción, sobretodo en las grandes ciudades.

Según Toni Lodeiro,  experto y divulgador en temas de consumo y sostenibilidad,  “Un modelo de consumo que solo lo practica una minoría no llega a ser un motor de cambio.  El acierto está en la profesionalización y la diversidad de modelos, según la madurez y las necesidades que  presente cada territorio” 

Os recomendamos la lectura de sus artículos,   El tamaño sí que  importa, donde nos lanza la idea que  los supermercados cooperativos podrían ser la alternativa a los supermercados convencionales, y Modelo Ideal de Consumo Alimentario,  donde analiza las diferentes formas de comercio alimentario cooperativista.

Otros términos: Consumo solidario  y comercio justo

Esta idea de consumo no recae tanto en el producto, sino en las personas:  En la calidad de las condiciones laborales de las personas que participan de su producción y en que se pague un precio justo por aquello que se obtiene.  

Esta práctica favorece el acercamiento entre productor y el consumidor final y tiene como objetivo eliminar las mediaciones que elevan los precios para unos y reducen los beneficios para otros.  Se trata de pagar y ganar lo justo. A su vez, contribuye a que surjan nuevas alternativas de vida y a un desarrollo más sostenible basado en la soberanía alimentaria.

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Comida ecológica recién cogida del campo

LOS PROS Y LOS CONTRAS DE LA COMIDA ECOLÓGICA, DESCÚBRELOS Y DECIDE POR TI MISM@

En España gastamos 7 veces más en comida ecologica, que hace 10 años, hasta el punto que, en un abrir y cerrar de ojo, hemos pasado a gastar de 6 a 42 euros, por persona al año.

Sin embargo, las diferencias de puntos de vista en cuanto a la comida ecológica, desembocan en una extensa lista de pros y contras que te queremos contar.

Tanto defensores como detractores de lo ecológico aportan estudios kilométricos para defender sus posturas y que cada uno tiene su razón. Entonces, ¿que podemos hacer como consumidores?

¿En que se basa la comida ecológica?

El reglamento europeo  834/2007 sobre producción  y etiquetado de los productos ecológicos, considera que la producción ecológica es un sistema de gestión agrícola que utiliza técnicas productivas, basadas en omitir  pesticidas y/o fertilizantes de síntesis, así como semillas transgénicas: las modificadas genéticamente.

Existen, además de estos parámetros productivos, otros valores que los movimientos ecológicos promueven y que cada vez se están teniendo más en cuenta por parte del consumidor.  

Una definición más completa e interesante es la de La Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM), una de las máximas autoridades del sector ecológico, creada en 1972 y con sede en Alemania, dice así:

“Sistema de producción que conserva la salud de las personas, del suelo y el ecosistema. Se basa en los procesos ecológicos, la biodiversidad y los ciclos adaptados a las condiciones locales. La agricultura orgánica combina tradición, innovación y ciencia para beneficiar el ambiente y promover las relaciones justas y una buena calidad de vida para todos los involucrados”.

En esta segunda definición aparecen nuevos valores, a parte de los meramente productivos que especifica el reglamento europeo y a los que la agricultura convencional no presta mucha atención, pero de los que vamos a hablar un poco más: 

La comida ecológica favorece la fertilidad de los suelos y la biodiversidad

«Si tenemos suelos de calidad tenemos alimentos de calidad”, repite hasta la saciedad, en todas sus entrevistas y ponencias Maria Dolores Raigon, presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica,  y Dra. en Ingeniería Agrónoma. Esto significa que los suelos en que se respetan los ciclos biológicos de los cultivos y su biodiversidad son suelos vivos que producen frutas y verduras de mejor calidad. 

Si entendemos el suelo como un ecosistema en el que conviven cientos de miles de organismos, entenderemos que, después de aplicar una agricultura industrializada,  basada en la mecanización, el uso de químicos y el monocultivo, lo que obtendremos a posteriori, son unos suelos exhaustos e inertes.

El reciente informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de Ecosistemas (IPBES), nos advierte en materia de suelos que:  “Degradar la tierra, merma el bienestar de dos quintas partes de la población mundial, erosiona la biodiversidad, agrava el calentamiento y actúa como motor de las migraciones humanas”

En este sentido, los esfuerzos de la agricultura orgánica por compostar los nutrientes naturales y reincorporarlos al suelo,  así como la rotación de cultivos, representan unos de sus principales valores:

Por un lado, la descomposición, sirve como abono natural y almacena carbono en suelos, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático y,  su vez, la rotación, de cultivos, ayuda al control biológico de plagas y enfermedades disminuyendo la necesidad de químicos para controlarlas.

– El producto de temporada y el momento óptimo de recolección, són básicos en la comida ecologica.

Por parte del consumidor, el objetivo es que aprendamos a reconocer y a comprar los productos propios de cada temporada, así como a prescindir, en nuestras dietas de los que no lo son. Nos hemos acostumbrado a comer de todo, durante todo el año y eso es uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan los productores orgánicos.

¿Sabías que, de forma natural, los tomates solo se dan en verano? Seguramente muchos ni nos lo planteamos y los consumimos todo el año porque es uno de los productos a los que más nos hemos acostumbrado.  Pero también del que más nos quejamos: “son insípidos”, “parecen de plástico”, “ya no son como antes”…sabes porqué?  

Que una fruta o verdura tenga buen sabor, una textura orgánica, no de plástico, y acumule todos sus nutrientes, depende básicamente del momento en que se recolecta.  Hacerlo en el momento óptimo de maduración y en la temporada idónea, implica que ha tenido el tiempo suficiente para absorber el máximo de minerales del suelo y sintetizar el máximo de vitaminas. Es decir, si se respeta el ciclo biológico de una planta, el fruto que se obtiene es mejor.

En ese sentido, la industria alimentaria convencional transporta los alimentos frescos como cualquier otra mercancía y para que lleguen en buenas condiciones al punto de venta, los debe recolectar aún verdes. En el trayecto, y en la camaras del camión que los transporta tiene lugar su maduración. Esta es una de las principales causas de todo lo que nos solemos quejar.

Entonces, cabe decir en este punto que no es condición sine qua non de la agricultura ecológica, que un producto sepa bien.  Si se respetaran los tiempos de recogida, un producto al que le hayan aplicado productos químicos también puede tener buen sabor.  Pero para la salud, está claro que lo mejor es aquel alimento sin residuos de pesticidas.

– La proximidad, gran aliada de la comida ecológica

La proximidad te lleva el producto fresco a la mesa en su momento óptimo de maduración, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, reduce el desperdicio de alimento, porque solo se recoge lo que se necesita y favorece las relaciones humanas, dado que hasta puedes llegar a conocer al productor.  

Además nos abre un nuevo debate: la venta de productos “Bio” en los supermercados.   

Volviendo a los tomates. Formulémonos esta pregunta ¿Qué pasa cuando compramos tomates ecológicos, en invierno, en un supermercado, por ejemplo…de Galicia?

Si tenemos en cuenta el parametro de un máximo de 250 km a la redonda, para que un producto se considere de proximidad. Como el tomate, en invierno, en Galicia, Castilla- León o Asturias, no se da por el frío, pues deducimos que probablemente venga de Almeria, Marruecos o sur de Portugal. Estos puntos, distan a unos 1000 kms de la Coruña. Son ecológicos esos tomates, a pesar de estar certificados? No mucho por la cantidad de Co2 que implica su transporte.

Ahora bien, ningun tomate en invierno llega de lugares cercanos, en las zonas de frío. Entonces es mejor comprar el ecológico. O mejor todavía, no comprar y esperar que llegue su temporada.

Si vives en una ciudad, seguro que en tu barrio haya alguna tienda ecológica. Entra en ella. Estas tiendas suelen recibir producto orgánico de agricultores cercanos. 

Si vives en las conurbaciones urbanas o en el medio rural, seguro que cerca de ti hay algún productor agroecológico. Búscalo, visita su huerta, hazle preguntas para aprender qué es de temporada y qué no. 

Si te organizas, te sorprenderá lo que descubres y además te lo pasarás bien, no tiene que ser todos los días, ni cada semana, ve cuando te apetezca,  verás que poco a poco no podrá prescindir de ello. 

Lo que nadie quiere oír de la comida ecológica

En una edicion de BioCultura en Madrid, Hilal Elver, relatora especial para el Derecho a la Alimentación de Naciones Unidas expresó: “La única opción para alimentar a la población mundial pasa por volver a técnicas agroecológicas”. 

¿Qué bien suena verdad? Pero tenemos otra cara de la moneda que tacha a Europa de hipócrita incluso de paranoica, como declara Pilar Carbonero, ingeniera agrónoma y catedrática emérita de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Madrid. 

Resulta que,  a pesar que, en Europa solo se permite cultivar una solo variedad transgénica (maíz de Monsanto 810),  en contrapartida se importan otras 90 variedades de transgénicos, sin los cuales no se podría alimentar al ganado que los consume y que a su vez consumimos  nosotros al comer carne.

Este tema, el de la carne, es otro de los grandes temas de la alimentación ecológica, muy ligado también al bienestar animal y donde, aquí sí, tanto detractores como defensores de lo ecológico, coinciden en que a mejor trato animal, mejor calidad de carne.  

Y no solo eso! También suelen estar de acuerdo en que la reducción del consumo de carne, además de ser más sana, reduce también la necesidad de producir alimento para el ganado, motivo principal por el que existe la agricultura industrializada y el monocultivo. 

En la comunidad científica española, encontramos autoridades como J.M Mulet, Dr. en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia, que explica que la agricultura ecológica no es sostenible porque su baja productividad obliga a ocupar más terreno para producir lo mismo, y por tanto obliga a una mayor deforestación. 

Mulet ha escrito también varios libros en los que explica que los alimentos convencionales son más seguros que los ecológicos y que no hay diferencias en lo que a nutrientes respecta. 

Pero…¿y en residuos químicos? ¿Hay diferencias entre la comida ecológica y la convencional?  

En el 2012, un famoso meta análisis (estudio de estudios) de la Universidad de Stanford dijo que en los alimentos convencionales se encuentran restos de fitosanitarios y de antibióticos, pero que en los alimentos orgánicos, no.

Aunque el estudio recalca que estos restos están dentro de los niveles legales establecidos, para que sean inocuos al consumo humano, el problema reside en la dificultad de controlar las cantidades recomendadas de fitosanitarios o si, por el contrario, por aquello de “curarse en salud” (nunca peor utilizado, por cierto) el agricultor utiliza, en muchos momentos, dosis más altas a las permitidas.   

Por otro lado, las normativas y controles que tenemos en la UE, no son las mismas que en otros países, de donde se importa mucha fruta y verdura y de donde no tenemos garantías del uso correcto de pesticidas y fertilizantes.

En cuanto a los gases de efecto invernadero,   Emilio Montesinos, microbiólogo y catedrático de Patología Vegetal y director del Instituto de Tecnología Agroalimentaria de la Universidad de Girona, defiende en una entrevista en  El País, que  la agricultura ecológica emite más CO2 que la convencional porque los productos fitosanitarios orgánicos, son menos eficientes. Eso requiere un mayor número de fumigaciones, y en consecuencia más emisiones procedentes de la maquinaria que las efectúa. 

Deducimos entonces, que lo que limpiamos por un lado, lo ensuciamos por otro. Pero, ¿Cuál tiene peores efectos para nosotros y para el medio ambiente?  ¿Los pesticidas y fertilizantes de síntesis, que contaminan el agua y dejan residuos en los alimentos?, o ¿los gases de efecto invernadero que contaminan el aire? Es una pregunta que queda aquí, e intentaremos buscar la respuesta en futuros artículos.

En réplica a  los detractores de lo ecológico, el pasado Junio del 2019,  en el marco de la feria Organic Food Iberia, La Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), publicó un documento exclusivo llamado Evidencias Científicas sobre la Producción Ecológica.

El documento recoge un buen número de estudios científicos de los últimos 15 años,  y su objetivo es rebatir uno a uno todos los puntos que generan controversia a través a partir de explicaciones amplias y documentadas.

Algunos de los problemas que se mencionas son tan trascendentes como el hambre en el mundo, los niveles de producción agricola y la deforestación, o el del valor nutricional y la seguridad de los alimentos ecológicos.

Incluso hace referencia al tema de los precios, una de las cuestiones que frena más al gran público a la hora de apostar por los productos orgánicos.  

Su lectura es recomendable. 

Y … ante tanta polémica, ¿A quién me creo?

Aquí no queremos comenzar un debate, ni escribir un artículo que genere controversia,  queremos aportar herramientas informativas, para ser más libres a la hora escoger y de pensar lo que nos dé la gana y creamos que es mejor para nosotros, en cada momento. 

Queremos que sepas que a la pregunta de ¿es verde todo lo que reluce? hay diferentes respuestas dependiendo de quién la responda, pero que la tendencia es que no, no es verde todo lo que reluce, aunque hay una buena parte que sí,  y hay que saber identificarla.

Es interesante, conocer testimonios  como el de Mark Lynas, un ambientalista que comenzó destrozando campos de maíz transgénico y en cambio ahora ha cambiado su postura al respecto. Su punto de vista nos ha parecido muy interesante, porque huye del eterno enfrentamiento ecológico / convencional y propone como respuesta que tomemos lo mejor de los dos mundos.

Sus investigaciones, nos llevan a reflexiones del tipo: una agricultura con variedades transgénicas, resistentes a la sequía y a las plagas (con el menor uso de agua y pesticidas que eso supondría) pero cultivada con criterios de eco agricultura como la variedad de cultivos, el respeto por los ciclos biológicos, promoviendo un consumo de proximidad y una menor ingesta de carne ¿es una utopía, una locura o se puede hacer realidad?

¿Qué conclusión sacamos de todo esto, la comida ecologica es mejor o peor?

El consumidor ecológico está muy comprometido con la causa y poco a poco va introduciendo más productos ecológicos en su día a día, incluso más allá de la comida, hasta que se convierte en un estilo de vida. 

Infórmate, lee, pregunta… y, sobre todo, no te agobies. El cambio tiene que ser gradual y, ¿por qué no?, ¡divertido!

Es cierto que al principio se entra en shock. Empezamos a leer etiquetas y componentes de los alimentos y envasados que solíamos comprar y llega la desconfianza. Nos encontramos perdidos con el carrito, entre los pasillos del súper pensando. ¡Dios mío! ¡me quieren envenenar! No quieres morir joven, pero tu bolsillo tampoco puede soportar un carrito de la compra totalmente ecológico. 

Ser ecológico en todos los sentidos y direcciones, es realmente muy difícil. Siempre hay algo que falla.  El mundo no está hecho para facilitar el proceso, y los ritmos de vida que llevamos tampoco. 

Pero…hace años nadie reciclaba, ni llevaba su bolsa al supermercado, ¿verdad? Ahora es casi una obligación hacerlo. Así que, no hay de rendirse, tenemos más poder del que creemos, solo hay que tomar consciencia.

Plantéate aspectos como: La industria alimentaria convencional, ¿Es sostenible? ¿respetuosa con las personas? ¿La queremos más allá de que nos llene el estómago? ¿Dónde puedo comprar productos ecológicos que no sean tan caros? 

Buscar la respuesta a estas preguntas  ayuda a tomar conciencia de la situación y a tomar cartas en el asunto.  

Si no se puede comprar todo ecológico no pasa nada, pero ir cambiando ciertas conductas, productos, hábitos de compra supondrá ese granito de arena para este cambio tan necesario que el planeta necesita.

Márcate pequeños objetivos que veas que puedes lograr sin mucho esfuerzo. Algún cambio en el menú de la semana, una visita con calma a esa tienda ecologica del barrio. Empezar a leer las etiquetas de lo que compras. 

Si tienes hijos comparte lo que vas aprendiendo con ellos. Los niños no saben de donde viene la comida.  Es un tiempo que dedicas a mejorar vuestra calidad de vida y les educas, consumir es una cuestión de hábitos. Recuerda, somos lo que comemos, pero tambien comemos lo que somos. Sin un cambio a la hora de consumir, no sirve de mucho que haya productores ecológicos. 


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